Por desgracia no hay cura definitiva para el Parkinson. Por ello se dice que es una enfermedad crónica, progresiva e incurable.
Pero hoy día hay diferentes recursos médicos y no-médicos para paliar los síntomas, ralentizar la evolución de la enfermedad, y mejorar eficazmente la calidad de vida de los enfermos.
Medicación antiparkinsoniana: fármacos que aportan la Dopamina que le falta al cerebro, o que ayudan a aprovecharla mejor.
Medicación sintomática: fármacos que controlan molestias secundarias de muy diverso tipo.
Intervenciones quirúrgicas: reversibles o irreversibles, que ayudan a seleccionados pacientes a aliviar el Parkinson.
Rehabilitación: Terapias complementarias tales como logopedia, fisioterapia, hidroterapia, masajes, etc., que ayudan a mantener una vida activa y con el mayor grado de autocontrol de las funciones motoras.